19. Memento Mori
Mientras que Benoni se reía por dos minutos completos, el resto de los presentes se puso en acción, en lugar de quedarse escuchando las risotadas. Las Furias, Johannsen y Wozniak de inmediato se pusieron a la ofensiva y tomaron sus amuletos y colgantes en las manos, susurrando los embrujos que querían precipitarle encima a Benoni. Mantuvieron sus poses agresivas hasta que, uno por uno, se dieron cuenta de que nada estaba sucediendo.
La expresión en sus rostros, de consternación adicional, logró hacer reír a Benoni más fuerte todavía.
El primero en percatarse de lo que estaba mal fue Giovanni. Retrocedió despacio y luego dio la vuelta, y pegó la carrera por el pasillo.
«No creo que sepan que acabo de cancelarles su magia…»
En lugar de quedarse a tratar de componer lo que había hecho, lo único que se le ocurrió fue cerciorarse que Circe estuviera bien. Por eso se echó a correr hacia su cardumen. De repente, se acordó y se paró en seco.
"¡Chingue a su re-pinche madre!! ¡Pero si todavía está en la oficina de las Furias! Puta madre… Y ahora, ¿cómo le hago para pasar por donde está ese tipo Benoni… o lo que sea que es él?"
En ese instante, Wozniak volteó hacia sus camaradas y gritó:
—¡Agarren a los chiquillos y corran! Johannsen, intenta salir de la cabaña por las ventanas. ¡A ver si pueden llegar a los otros cardúmenes desde afuera! ¡Váyanse!
Johannsen se metió corriendo a la oficina de las Furias, mientras ellas estaban indecisas, mirando del uno al otro, ora el ceño fruncido de Wozniak, ora la cara risueña de Benoni.
—¿Pero… qué puedes lograr sin la Magick? ¡Vente con nosotras!
—¡No! ¡Soy el único lo suficientemente grande como para tratar de detenerlo! ¡Les dije que se fueran ya! —Wozniak gritó más fuerte que nunca y dio unos pasos hacia Benoni, quien todavía reía.
Benoni cerró la boca para silenciar el ataque de risa un poco, y extendió la palma de la mano hacia Wozniak en una clara señal de "espérame un momento". Wozniak se detuvo a medio paso. Benoni parecía estar a punto de decir algo. Irguió la cabeza, pero en lugar de decir algo soltó la risotada de nuevo, ahora más fuerte que antes.
—¡Ya verás! —gritó Wozniak y se lanzó a las piernas de Benoni, para derribarlo. Ahora bien, Wozniak fácilmente rebasaba los ciento cuarenta kilos, aún en su actual versión femenina, pero al chocar contra las piernas de Benoni fue como si hubiera estado tratando de derribar un poste telefónico. Benoni no cedió ni un milímetro. En cambio, se escuchó un sonido crujiente y húmedo, escalofriante, cuando la clavícula de Wozniak se fracturó durante el impacto. Wozniak se encogió en posición fetal y gimió por el dolor.
Ágatha intentó irse hacia Wozniak, pero Adelaide la jaló del brazo.
—¡No te les acerques! —les siseó furiosa. Luego, fijando a Benoni con la mirada, alzó su voz para hacerse escuchar sobre las risotadas.
—¿Quién eres, y que quieres de nosotros?
Benoni pareció sorprendido por un momento, y hasta dejó de reirse.
—¿Sabes qué? Esas son las últimas palabras que pronuncia cualquier desafortunado que llega a conocerme… Bueno, por primera vez se me da la gana contestar. Me llamo… Este, no me acuerdo, en realidad, pero por mucho tiempo varios me han llamado Benjamín, así que supongo que será mi nombre actual. Siéntete con la libertad de nombrarme así, si gustas, pero en realidad no importa…
Benoni pareció contemplar lo que diría a continuación.
—Y lo que deseo es que ustedes, gente, por fin se reproduzcan hasta la extinción, es todo.
Las Furias fruncieron el ceño, confundidas.
—Sí, miren, hace mucho tiempo se enfrentaron contra mí los cuatro magos fundadores de Hogwarts. Usaron su magia ese día para impedirme hacer lo que sea que quería hacer, lo cual no recuerdo muy bien que digamos. Pero lo que sí recuerdo es que ese día me juré a mí mismo que erradicaría la magia de entre los humanos, sin importar cuánto tiempo tomara. Bueno, pues en realidad no ha pasado tanto tiempo que digamos, así que estoy muy complacido en poderles anunciar que hoy han presenciado el principio del fin, por llamarle de alguna manera. Como ya notaron, su magia la canceló Giovanni. Y parece que la mía también. Bueno, en serio que yo no sabía que estaba haciendo magia pero supongo que al fin y al cabo resultó ser simple y vulgar magia… O sea, puedo andar poniendo imágenes y pensamientos en las mentes de las personas, como si fuera una especie de hipnotismo silencioso, pero yo creía que era por el Don Obscuro, por el Espíritu de la Sangre… Pero al final resultó ser magia. Hmm… —Benoni se frotó el mentón, y parecía estar irritado.
—Mire, no entiendo nada de lo que dice. ¿Qué es este don oscuro del que habla? ¿Qué es un espíritu de la sangre? ¿Es usted acaso algún demonio? —Tábitha preguntó con voz temblorosa.
—¿Que qué? ¡No! No soy ningún demonio. Bueno, al menos no lo creo así. Supongo que soy lo que se conoce como vampiro. Creo que fui el primer vampiro en el mundo. No sé, pero nunca he conocido a ninguno más antiguo, y todos los vampiros en este mundo son bisoños creados con mi sangre. De eso sí estoy seguro…
—¿Y cómo podría saberlo con certeza? —interrumpió Adelaide —. Todas las historias y leyendas dicen que los vampiros no saben quién fue su creador original, y tienen prohibido buscarlo… Aparte de todo, ningún vampiro tiene poderes mágicos…
—¿Que no acabo de decir que no sabía que tenía poderes mágicos, mujer? Como sea, no se preocupen sobre los vampiros. Hace más de veinte años mandé al mundo al novato más poderoso que jamás había creado. Tenía la mayoría de mis poderes y casi toda mi fortaleza, y le di muy buenos motivos para odiar a otros vampiros, y en un arranque destructivo arrasó con la mayoría de los otros vampiros en el mundo. Lástima que perdió la cordura y logró destruirse a sí mismo antes de hallar al resto de los vampiros. Bueno, pero al menos sí se deshizo de la mayoría, así que nomás restamos un puñado. Sé dónde están todos, porque puedo detectarlos a través de la sangre, y al momento están todos durmiendo la locura bajo tierra, así que no vendrán a molestarnos por un largo tiempo… Y como estaba diciendo…
—Los británicos nunca han mencionado nada sobre usted… —Adelaide interrupió de nuevo.
—¡Sí! Parece que saben muy bien como mantener la boca cerrada, ¿eh? Lástima que no sea una de tus gracias… Ahora bien, lo que estaba diciendo es que, después de algunas décadas de observar a la gente mágica en la apacible Inglaterra de antaño, me dí cuenta de que la aptitud para realizar actos de la Magick era algo que venía en la sangre, algo así como el Don Obscuro en los vampiros… O sea, cualquier humano podía hacer magia si tenía el linaje apropiado. Después de algunos siglos decidí hacer un pequeño experimento: convencí a un grupo de hechiceros y brujas que no estaban de acuerdo con el Estatuto de vida secreta de 1689 a que emigraran al nuevo mundo, donde parecen terminar todos los separatistas de cualquier manera. Esa gente quería un acercamiento más pragmático a la Magick, así que resultaron más fáciles de manipular a través de presiones sociales, más que la gente británica en sus comunidades aisladas. Así que me pasé todos esos años observando y aprendiendo, hasta que me percaté de que… Pero, vamos, ayuden a esta pobre mujer a mis pies… Es que no puedo ni pensar con tanto gemido.
Las tres Furias se acercaron a Wozniak, pero solo quedaron de pie con las manos indecisas a la altura de las caderas, sin imaginarse ni cómo irían a levantar a Wozniak del suelo. Tábitha le echó una mirada furtiva a Benoni y luego le dijo a Adelaide:
—Creo que me sobraron algunas tabletas de Percocet en el cajón de mi escritorio, de las que me recetaron después de mi cirugía en la cadera, el año pasado. Voy a conseguirlas en lo que ustedes dos intentan ponerlo cómodo aquí, en el suelo. Ben… Benjamín, Wozniak necesita que lo llevemos a un hospital; no hay nada que podamos hacer aquí para ayudarlo. Creo que tiene una clavícula fracturada y luxado el hombro. Tal vez haya sangrado interno. ¿Nos permitirá conseguirle ayuda?
—¿"Permitirles"? No tengo el menor interes en ustedes, gente, ¿qué no se enteran todavía? ¡Estoy aquí por los niños! ¡Santo cielo! ¡Pero qué caras ponen! No, no quiero a todos los niños, solo necesito a Circe y…
—¡¡No!! —Giovanni gritó mientras corría alrededor de la esquina, donde había estado en cuclillas, esperando la oportunidad para escabullirse más allá del monstruo en el pasillo.
También en ese momento Johannsen se asomó por la puerta, y le gritó a las Furias:
—¡No hay manera de salirse por acá! ¡¡La maldita cabaña está justo al borde de la cañada!!
Ignorando por completo a Johannsen, Benoni volteó hacia Giovanni, con una sonrisa en la cara.
—Podía olerte que estabas allá… Me preguntaba a qué horas ibas a regresar con nosotros, y…
—¡Cállate, pendejo! ¡No te le vas a acercar a Circe nunca!
—¿En serio? Permíteme una pregunta: ¿cómo piensas prevenirlo?
—Si puedo cancelar la Magick, ¡también puedo descancelarla! ¡¡Largo de aquí!! —Giovanni rugió la última frase al mismo tiempo que se dejó caer de rodillas y golpeó el suelo con ambas palmas. Una vorágine miniatura de astillas, tierra y piedras de repente floreció a los pies de Benoni y se lo tragó en un instante.
—¿Qué diablos esperan? ¡¡¡Saquen a todos!!! —Giovanni les gritó a las Furias, que solo estaban allí paradas y boquiabiertas.
Pero al comenzar todos a ponerse en acción, un pequeño géiser eruptó junto a Giovanni, y una mano salió disparada de la tierra para aferrarse a su tobillo.
Mientras que Benoni se reía por dos minutos completos, el resto de los presentes se puso en acción, en lugar de quedarse escuchando las risotadas. Las Furias, Johannsen y Wozniak de inmediato se pusieron a la ofensiva y tomaron sus amuletos y colgantes en las manos, susurrando los embrujos que querían precipitarle encima a Benoni. Mantuvieron sus poses agresivas hasta que, uno por uno, se dieron cuenta de que nada estaba sucediendo.
La expresión en sus rostros, de consternación adicional, logró hacer reír a Benoni más fuerte todavía.
El primero en percatarse de lo que estaba mal fue Giovanni. Retrocedió despacio y luego dio la vuelta, y pegó la carrera por el pasillo.
«No creo que sepan que acabo de cancelarles su magia…»
En lugar de quedarse a tratar de componer lo que había hecho, lo único que se le ocurrió fue cerciorarse que Circe estuviera bien. Por eso se echó a correr hacia su cardumen. De repente, se acordó y se paró en seco.
"¡Chingue a su re-pinche madre!! ¡Pero si todavía está en la oficina de las Furias! Puta madre… Y ahora, ¿cómo le hago para pasar por donde está ese tipo Benoni… o lo que sea que es él?"
En ese instante, Wozniak volteó hacia sus camaradas y gritó:
—¡Agarren a los chiquillos y corran! Johannsen, intenta salir de la cabaña por las ventanas. ¡A ver si pueden llegar a los otros cardúmenes desde afuera! ¡Váyanse!
Johannsen se metió corriendo a la oficina de las Furias, mientras ellas estaban indecisas, mirando del uno al otro, ora el ceño fruncido de Wozniak, ora la cara risueña de Benoni.
—¿Pero… qué puedes lograr sin la Magick? ¡Vente con nosotras!
—¡No! ¡Soy el único lo suficientemente grande como para tratar de detenerlo! ¡Les dije que se fueran ya! —Wozniak gritó más fuerte que nunca y dio unos pasos hacia Benoni, quien todavía reía.
Benoni cerró la boca para silenciar el ataque de risa un poco, y extendió la palma de la mano hacia Wozniak en una clara señal de "espérame un momento". Wozniak se detuvo a medio paso. Benoni parecía estar a punto de decir algo. Irguió la cabeza, pero en lugar de decir algo soltó la risotada de nuevo, ahora más fuerte que antes.
—¡Ya verás! —gritó Wozniak y se lanzó a las piernas de Benoni, para derribarlo. Ahora bien, Wozniak fácilmente rebasaba los ciento cuarenta kilos, aún en su actual versión femenina, pero al chocar contra las piernas de Benoni fue como si hubiera estado tratando de derribar un poste telefónico. Benoni no cedió ni un milímetro. En cambio, se escuchó un sonido crujiente y húmedo, escalofriante, cuando la clavícula de Wozniak se fracturó durante el impacto. Wozniak se encogió en posición fetal y gimió por el dolor.
Ágatha intentó irse hacia Wozniak, pero Adelaide la jaló del brazo.
—¡No te les acerques! —les siseó furiosa. Luego, fijando a Benoni con la mirada, alzó su voz para hacerse escuchar sobre las risotadas.
—¿Quién eres, y que quieres de nosotros?
Benoni pareció sorprendido por un momento, y hasta dejó de reirse.
—¿Sabes qué? Esas son las últimas palabras que pronuncia cualquier desafortunado que llega a conocerme… Bueno, por primera vez se me da la gana contestar. Me llamo… Este, no me acuerdo, en realidad, pero por mucho tiempo varios me han llamado Benjamín, así que supongo que será mi nombre actual. Siéntete con la libertad de nombrarme así, si gustas, pero en realidad no importa…
Benoni pareció contemplar lo que diría a continuación.
—Y lo que deseo es que ustedes, gente, por fin se reproduzcan hasta la extinción, es todo.
Las Furias fruncieron el ceño, confundidas.
—Sí, miren, hace mucho tiempo se enfrentaron contra mí los cuatro magos fundadores de Hogwarts. Usaron su magia ese día para impedirme hacer lo que sea que quería hacer, lo cual no recuerdo muy bien que digamos. Pero lo que sí recuerdo es que ese día me juré a mí mismo que erradicaría la magia de entre los humanos, sin importar cuánto tiempo tomara. Bueno, pues en realidad no ha pasado tanto tiempo que digamos, así que estoy muy complacido en poderles anunciar que hoy han presenciado el principio del fin, por llamarle de alguna manera. Como ya notaron, su magia la canceló Giovanni. Y parece que la mía también. Bueno, en serio que yo no sabía que estaba haciendo magia pero supongo que al fin y al cabo resultó ser simple y vulgar magia… O sea, puedo andar poniendo imágenes y pensamientos en las mentes de las personas, como si fuera una especie de hipnotismo silencioso, pero yo creía que era por el Don Obscuro, por el Espíritu de la Sangre… Pero al final resultó ser magia. Hmm… —Benoni se frotó el mentón, y parecía estar irritado.
—Mire, no entiendo nada de lo que dice. ¿Qué es este don oscuro del que habla? ¿Qué es un espíritu de la sangre? ¿Es usted acaso algún demonio? —Tábitha preguntó con voz temblorosa.
—¿Que qué? ¡No! No soy ningún demonio. Bueno, al menos no lo creo así. Supongo que soy lo que se conoce como vampiro. Creo que fui el primer vampiro en el mundo. No sé, pero nunca he conocido a ninguno más antiguo, y todos los vampiros en este mundo son bisoños creados con mi sangre. De eso sí estoy seguro…
—¿Y cómo podría saberlo con certeza? —interrumpió Adelaide —. Todas las historias y leyendas dicen que los vampiros no saben quién fue su creador original, y tienen prohibido buscarlo… Aparte de todo, ningún vampiro tiene poderes mágicos…
—¿Que no acabo de decir que no sabía que tenía poderes mágicos, mujer? Como sea, no se preocupen sobre los vampiros. Hace más de veinte años mandé al mundo al novato más poderoso que jamás había creado. Tenía la mayoría de mis poderes y casi toda mi fortaleza, y le di muy buenos motivos para odiar a otros vampiros, y en un arranque destructivo arrasó con la mayoría de los otros vampiros en el mundo. Lástima que perdió la cordura y logró destruirse a sí mismo antes de hallar al resto de los vampiros. Bueno, pero al menos sí se deshizo de la mayoría, así que nomás restamos un puñado. Sé dónde están todos, porque puedo detectarlos a través de la sangre, y al momento están todos durmiendo la locura bajo tierra, así que no vendrán a molestarnos por un largo tiempo… Y como estaba diciendo…
—Los británicos nunca han mencionado nada sobre usted… —Adelaide interrupió de nuevo.
—¡Sí! Parece que saben muy bien como mantener la boca cerrada, ¿eh? Lástima que no sea una de tus gracias… Ahora bien, lo que estaba diciendo es que, después de algunas décadas de observar a la gente mágica en la apacible Inglaterra de antaño, me dí cuenta de que la aptitud para realizar actos de la Magick era algo que venía en la sangre, algo así como el Don Obscuro en los vampiros… O sea, cualquier humano podía hacer magia si tenía el linaje apropiado. Después de algunos siglos decidí hacer un pequeño experimento: convencí a un grupo de hechiceros y brujas que no estaban de acuerdo con el Estatuto de vida secreta de 1689 a que emigraran al nuevo mundo, donde parecen terminar todos los separatistas de cualquier manera. Esa gente quería un acercamiento más pragmático a la Magick, así que resultaron más fáciles de manipular a través de presiones sociales, más que la gente británica en sus comunidades aisladas. Así que me pasé todos esos años observando y aprendiendo, hasta que me percaté de que… Pero, vamos, ayuden a esta pobre mujer a mis pies… Es que no puedo ni pensar con tanto gemido.
Las tres Furias se acercaron a Wozniak, pero solo quedaron de pie con las manos indecisas a la altura de las caderas, sin imaginarse ni cómo irían a levantar a Wozniak del suelo. Tábitha le echó una mirada furtiva a Benoni y luego le dijo a Adelaide:
—Creo que me sobraron algunas tabletas de Percocet en el cajón de mi escritorio, de las que me recetaron después de mi cirugía en la cadera, el año pasado. Voy a conseguirlas en lo que ustedes dos intentan ponerlo cómodo aquí, en el suelo. Ben… Benjamín, Wozniak necesita que lo llevemos a un hospital; no hay nada que podamos hacer aquí para ayudarlo. Creo que tiene una clavícula fracturada y luxado el hombro. Tal vez haya sangrado interno. ¿Nos permitirá conseguirle ayuda?
—¿"Permitirles"? No tengo el menor interes en ustedes, gente, ¿qué no se enteran todavía? ¡Estoy aquí por los niños! ¡Santo cielo! ¡Pero qué caras ponen! No, no quiero a todos los niños, solo necesito a Circe y…
—¡¡No!! —Giovanni gritó mientras corría alrededor de la esquina, donde había estado en cuclillas, esperando la oportunidad para escabullirse más allá del monstruo en el pasillo.
También en ese momento Johannsen se asomó por la puerta, y le gritó a las Furias:
—¡No hay manera de salirse por acá! ¡¡La maldita cabaña está justo al borde de la cañada!!
Ignorando por completo a Johannsen, Benoni volteó hacia Giovanni, con una sonrisa en la cara.
—Podía olerte que estabas allá… Me preguntaba a qué horas ibas a regresar con nosotros, y…
—¡Cállate, pendejo! ¡No te le vas a acercar a Circe nunca!
—¿En serio? Permíteme una pregunta: ¿cómo piensas prevenirlo?
—Si puedo cancelar la Magick, ¡también puedo descancelarla! ¡¡Largo de aquí!! —Giovanni rugió la última frase al mismo tiempo que se dejó caer de rodillas y golpeó el suelo con ambas palmas. Una vorágine miniatura de astillas, tierra y piedras de repente floreció a los pies de Benoni y se lo tragó en un instante.
—¿Qué diablos esperan? ¡¡¡Saquen a todos!!! —Giovanni les gritó a las Furias, que solo estaban allí paradas y boquiabiertas.
Pero al comenzar todos a ponerse en acción, un pequeño géiser eruptó junto a Giovanni, y una mano salió disparada de la tierra para aferrarse a su tobillo.
Concluirá… Creo.


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