15. Tercer interludio: Hasta las hormigas sueñan
Cuando Enoch Feldman, hijo, era muy joven tenía una idea bien clara de lo que quería ser: quería convertirse en el Patriarca más respetado y poderoso que ningún otro. No cabía duda alguna que al paso del tiempo sería el líder de su clan, puesto que había nacido en la familia más rica y talentosa de su clan, y todos sus ancestros habían sido Patriarcas desde principios del siglo XIX.
Pero no era suficiente para él serlo por parentesco. No: quería ser el más destacado en la historia. Tenía ambición, ese Enoch. Se tornó desalmado en su búsqueda por el poder.
En poco tiempo, Enoch Feldman, padre, creyó conveniente abdicar el cargo y dejar que su hijo asumiera el título. El hijo tenía tanto poder personal e influencia que nadie protestó de tener ahora a un jovenazo cuarentón como Patriarca del clan. Y quien fuera que tuviera alguna reserva en contra, tuvo la prudencia y sabiduría de nunca pronunciarse, en consideración a todos los rumores de negocios turbios y actos de coerción… Tal vez Enoch Feldman, hijo, haya sido un déspota, pero era muy hábil como Patriarca, y su clan prosperó bajo su liderazgo.
Entonces, cuando un tipo bastante cobista y bien acicalado comenzó a buscarlo con ofertas de riqueza e influencia a cambio de favores bastante sencillos, él no titubeó en aceptarlas. El Mañoso (como Enoch se refería a él en su mente) dijo que obraba a nombre de un cliente que deseaba permanecer anónimo, y que cabía la posibilidad de que nunca se conocerían cara a cara. La ayuda solicitada se debería rendir sin condición alguna, pero eso sucedería en muy pocas ocasiones. Enoch estaba más que de acuerdo con esto. Después de todo, los primeros favores que le pidieron fueron en realidad simples. ¿Qué tan difícil era viajar a México y adoptar a dos huérfanas? Con suficientes sobornos y una pandilla de abogados a su lado lo logró en menos tiempo de lo que se tardó el viaje redondo desde su hogar en San Marcos, Texas. ¿Qué tan difícil era ordenarle a su sobrino segundo, el estéril, a que aceptara a las niñas y las criara como suyas? Lo único que tuvo que hacer fue pronunciar las palabras, y sus órdenes fueron obedecidas. Pequeños favores todos ellos, y sus riquezas personales se vieron aumentadas de manera insólita con regalos estrafalarios en efectivo y en tesoros. También, cualquier enemigo personal que fuera lo suficiente tonto como para confrontarlo a veces desaparecía. El Mañoso se presentaba para informarle a Enoch que esas personas nunca lo molestarían de nuevo, de esta manera indirecta indicando a quién había que agradecer la intervención. En otras ocasiones, los contrincantes aparecían horriblemente asesinados, y no hacía falta que viniera el Mañoso para que Enoch supiera quién lo había hecho.
Probablemente se sintió algo incómodo cuando el Mañoso le pidió que comenzara a entrenar en la Magick lo más pronto posible a su hijo recién nacido, a Garret. Esto era estrictamente prohibido entre los dotados de la Magick: era menester que sus hijos entrenaran en La Escuela primero. Pero hizo lo que le pidieron. Una vez más hubo inundación de regalos. También se sintió perplejo cuando le pidieron que facilitara la inmigración hacia los Estados Unidos de los nietos de Adelaide Alecto, que anduvieron perdidos por tanto tiempo en el extranjero, pero evitando que se conociera su papel en ello. Pensó que podría granar bastante influencia al tener a Adelaide como deudora, pero hizo lo que le dijeron de cualquier manera, y nadie se enteró de lo que él hizo por ellos. Sin importar que en situaciones normales él fuera renuente a dejar pasar la oportunidad de ganar más influencia, ni siquiera consideró por un momento ganarse la antipatía de su misterioso benefactor. Al menos las riquezas seguían llegándole, más que nunca.
Pero las peticiones más raras hasta la fecha fueron hechas en el intervalo de unas pocas semanas. Hace tres meses, ese peculiar Mañoso, que parecía nunca envejecer, se presentó a la casa del Patriarca Feldman para exhortarlo a que usara su influencia y sus riquezas, y hacer lo posible por instalar a un nuevo maestro de Teoría de la Magick en la Escuela Azul. Se le entregó un expediente con los detalles pertinentes e información personal del nuevo maestro. Aunque estaban preparados con esmero, con todos los puntos sobre las íes, Enoch tenía suficiente experiencia en cosas semejantes, lo suficiente como para notar que estaban falsificados por completo. La licencia de manejo, el número de seguro social, los títulos universitarios, el reporte de crédito…, hasta las fotos, todo era falso. Aparte, el maestro en cuestión era demasiado joven como para corresponder a la personalidad fabricada. No obstante, el Patriarca Feldman de nuevo hizo lo que le pidieron, y presionó, amenazó, sobornó, coaccionó y hasta rogó amablemente cuando fue necesario, y logró que instalaran al "Profesor Khaldi Benoni, Doctor en Filosofía" en la Escuela Azul.
No le ofrecieron tesoros en esta ocasión, pero el Mañoso se presentó para entregarle una nota. En un papel hecho a mano, claramente carísimo, escrito con letras temblorosas y anticuadas, la nota doblada a la mitad decía simplemente: «¡Gracias!». El Mañoso parecía estar impresionado, y dijo que "él", su mutuo benefactor, nunca antes había hecho semejante cosa. También el Mañoso ofreció garantías que al pequeño Garret Feldman, hijo único del Patriarca, se le cuidaría y ayudaría en su ascención como siguiente Patriarca del clan. Enoch Feldman se mostró agradecido y sumiso.
Y justo la semana pasada, Enoch recibió la petición más rara que nunca: lograr que al hijo de su sobrina-nieta adoptada lo botaran de la academia militar en la que estaba inscrito, y hacer todo lo necesario para que fuera a la Escuela Azul en Idaho, que era la más cercana a Texas, porque era en potencia el más superdotado en la historia del mundo. Más todavía que su tía, Margaux Wingrove, Giovanni muy bien podría ser la cúspide de toda persona de la Magick. Así que el Patriarca hizo todo lo que estaba a su considerable alcance para realizar esta tarea. Hasta se puso directamente en contacto con las Furias para rogarles que convencieran a Shari, en vista de que ellas fueron quienes modificaron su memoria hace tantos años. Adelaide aceptó. Ella albergaba remordimiento en secreto por haber, de cierta manera, ayudado a que se dieran las circunstancias que condujeron al asesinato de Marge, y sintió que al ayudar a los Wingrove de cierta manera estaría aliviando algo de la culpabilidad en su corazón.
Poco se imaginaba Enoch Feldman, hijo, que no era mas que un peón en el tablero de alguien más, y que había ayudado a acomodar las piezas para un jaque mate del demonio: todos iban a perder.
Esto a raíz de su avaricia.
Cuando Enoch Feldman, hijo, era muy joven tenía una idea bien clara de lo que quería ser: quería convertirse en el Patriarca más respetado y poderoso que ningún otro. No cabía duda alguna que al paso del tiempo sería el líder de su clan, puesto que había nacido en la familia más rica y talentosa de su clan, y todos sus ancestros habían sido Patriarcas desde principios del siglo XIX.
Pero no era suficiente para él serlo por parentesco. No: quería ser el más destacado en la historia. Tenía ambición, ese Enoch. Se tornó desalmado en su búsqueda por el poder.
En poco tiempo, Enoch Feldman, padre, creyó conveniente abdicar el cargo y dejar que su hijo asumiera el título. El hijo tenía tanto poder personal e influencia que nadie protestó de tener ahora a un jovenazo cuarentón como Patriarca del clan. Y quien fuera que tuviera alguna reserva en contra, tuvo la prudencia y sabiduría de nunca pronunciarse, en consideración a todos los rumores de negocios turbios y actos de coerción… Tal vez Enoch Feldman, hijo, haya sido un déspota, pero era muy hábil como Patriarca, y su clan prosperó bajo su liderazgo.
Entonces, cuando un tipo bastante cobista y bien acicalado comenzó a buscarlo con ofertas de riqueza e influencia a cambio de favores bastante sencillos, él no titubeó en aceptarlas. El Mañoso (como Enoch se refería a él en su mente) dijo que obraba a nombre de un cliente que deseaba permanecer anónimo, y que cabía la posibilidad de que nunca se conocerían cara a cara. La ayuda solicitada se debería rendir sin condición alguna, pero eso sucedería en muy pocas ocasiones. Enoch estaba más que de acuerdo con esto. Después de todo, los primeros favores que le pidieron fueron en realidad simples. ¿Qué tan difícil era viajar a México y adoptar a dos huérfanas? Con suficientes sobornos y una pandilla de abogados a su lado lo logró en menos tiempo de lo que se tardó el viaje redondo desde su hogar en San Marcos, Texas. ¿Qué tan difícil era ordenarle a su sobrino segundo, el estéril, a que aceptara a las niñas y las criara como suyas? Lo único que tuvo que hacer fue pronunciar las palabras, y sus órdenes fueron obedecidas. Pequeños favores todos ellos, y sus riquezas personales se vieron aumentadas de manera insólita con regalos estrafalarios en efectivo y en tesoros. También, cualquier enemigo personal que fuera lo suficiente tonto como para confrontarlo a veces desaparecía. El Mañoso se presentaba para informarle a Enoch que esas personas nunca lo molestarían de nuevo, de esta manera indirecta indicando a quién había que agradecer la intervención. En otras ocasiones, los contrincantes aparecían horriblemente asesinados, y no hacía falta que viniera el Mañoso para que Enoch supiera quién lo había hecho.
Probablemente se sintió algo incómodo cuando el Mañoso le pidió que comenzara a entrenar en la Magick lo más pronto posible a su hijo recién nacido, a Garret. Esto era estrictamente prohibido entre los dotados de la Magick: era menester que sus hijos entrenaran en La Escuela primero. Pero hizo lo que le pidieron. Una vez más hubo inundación de regalos. También se sintió perplejo cuando le pidieron que facilitara la inmigración hacia los Estados Unidos de los nietos de Adelaide Alecto, que anduvieron perdidos por tanto tiempo en el extranjero, pero evitando que se conociera su papel en ello. Pensó que podría granar bastante influencia al tener a Adelaide como deudora, pero hizo lo que le dijeron de cualquier manera, y nadie se enteró de lo que él hizo por ellos. Sin importar que en situaciones normales él fuera renuente a dejar pasar la oportunidad de ganar más influencia, ni siquiera consideró por un momento ganarse la antipatía de su misterioso benefactor. Al menos las riquezas seguían llegándole, más que nunca.
Pero las peticiones más raras hasta la fecha fueron hechas en el intervalo de unas pocas semanas. Hace tres meses, ese peculiar Mañoso, que parecía nunca envejecer, se presentó a la casa del Patriarca Feldman para exhortarlo a que usara su influencia y sus riquezas, y hacer lo posible por instalar a un nuevo maestro de Teoría de la Magick en la Escuela Azul. Se le entregó un expediente con los detalles pertinentes e información personal del nuevo maestro. Aunque estaban preparados con esmero, con todos los puntos sobre las íes, Enoch tenía suficiente experiencia en cosas semejantes, lo suficiente como para notar que estaban falsificados por completo. La licencia de manejo, el número de seguro social, los títulos universitarios, el reporte de crédito…, hasta las fotos, todo era falso. Aparte, el maestro en cuestión era demasiado joven como para corresponder a la personalidad fabricada. No obstante, el Patriarca Feldman de nuevo hizo lo que le pidieron, y presionó, amenazó, sobornó, coaccionó y hasta rogó amablemente cuando fue necesario, y logró que instalaran al "Profesor Khaldi Benoni, Doctor en Filosofía" en la Escuela Azul.
No le ofrecieron tesoros en esta ocasión, pero el Mañoso se presentó para entregarle una nota. En un papel hecho a mano, claramente carísimo, escrito con letras temblorosas y anticuadas, la nota doblada a la mitad decía simplemente: «¡Gracias!». El Mañoso parecía estar impresionado, y dijo que "él", su mutuo benefactor, nunca antes había hecho semejante cosa. También el Mañoso ofreció garantías que al pequeño Garret Feldman, hijo único del Patriarca, se le cuidaría y ayudaría en su ascención como siguiente Patriarca del clan. Enoch Feldman se mostró agradecido y sumiso.
Y justo la semana pasada, Enoch recibió la petición más rara que nunca: lograr que al hijo de su sobrina-nieta adoptada lo botaran de la academia militar en la que estaba inscrito, y hacer todo lo necesario para que fuera a la Escuela Azul en Idaho, que era la más cercana a Texas, porque era en potencia el más superdotado en la historia del mundo. Más todavía que su tía, Margaux Wingrove, Giovanni muy bien podría ser la cúspide de toda persona de la Magick. Así que el Patriarca hizo todo lo que estaba a su considerable alcance para realizar esta tarea. Hasta se puso directamente en contacto con las Furias para rogarles que convencieran a Shari, en vista de que ellas fueron quienes modificaron su memoria hace tantos años. Adelaide aceptó. Ella albergaba remordimiento en secreto por haber, de cierta manera, ayudado a que se dieran las circunstancias que condujeron al asesinato de Marge, y sintió que al ayudar a los Wingrove de cierta manera estaría aliviando algo de la culpabilidad en su corazón.
Poco se imaginaba Enoch Feldman, hijo, que no era mas que un peón en el tablero de alguien más, y que había ayudado a acomodar las piezas para un jaque mate del demonio: todos iban a perder.
Esto a raíz de su avaricia.
Continuará…


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