Monday, March 30, 2009

Finitum 11 (ES)

11. Un matiz más obscuro de palidez

—Bueno, pues yo opino que ese tipo es algo anormal, ¿eh? Pero no puedo definirlo. Nomás es…, pues, anormal… —Mientras Giovanni decía esto, Circe y Garret asentían con la cabeza, los tres caminando tras el Sr. Wozniak y tratando de mantener su paso. Giovanni había preguntado qué sucedió, pero Wozniak no contestaba aún—. ¡Ah! Me recordó a Michael Jackson…

—¡Oye, no! Es un profesor de esta Escuela, así que no quiero seguir escuchando comentarios insultantes sobre él, ¿me entiendes? Si entramos de manera atropellada es porque el sistema de seguridad de Johannsen detectó algo chungo en el sótano, ¿ven?

—¿Cómo que chungo?

—Bueno, los monitores electrónicos deberían registrar la presencia de ustedes donde sea que estén en la cabaña y… Así es, señorita Circe, esos cuentos de niños perdidos no son ciertos. Bueno, son ciertos, pero siempre los encontramos… al final. En fin, ustedes cuatro no aparecían por un rato: estuvieron como en desfase, ora sí, ora no, y eso disparó la alarma, que suena si se detectan Actos de la Magick sin autorizar o sin reconocer. Entonces Johannsen vino a que lo acompañara, y de camino al sótano nos encontramos con Ágatha, y nos fuimos a ver qué pasaba con ustedes. Ágatha estaba molesta porque no podíamos abrir la puerta, ni con fuerza bruta, ni con Magick, ni nada; y si existe una persona que puede abrir cualquier puerta, ¡esa es Ágatha! Pero no pudo, y supongo que por eso se encabronó. Como sea, la puerta se abrió sola, allí estaban ustedes, todo estaba bien, fin del cuento, punto final, adiós.

—¡Espéreme un tantito! ¿Quiere decir que se la pasan espiándonos? —Giovanni ya sentía como si el Big Brother lo estuviera oprimiendo.

—¡Qué espiar ni qué mis narices! —El Sr. Wozniak hasta torció los ojos al decirlo—. Nomás los rastreamos cuando están adentro de la cabaña. ¿Qué? ¿A poco creían que íbamos a dejar que cincuenta adolescentes rondaran por toda la casa? ¡Ya me imagino! Mira, como sea, ya llegamos: vayan a sentarse.

Habían llegado al Aula de Una Runa, que era el nombre del salón de Práctica.

Esta vez había solo otros ocho estudiantes de los otros cardúmenes, así que no tuvieron que apretujarse; nada más se sentaron.

—Bueno, pues, estábamos repasando algunos conceptos avanzados. Giovanni, si quieres, continúa resolviendo tu tarea mientras seguimos con la clase. Estos conceptos no los aprenderás sino hasta la próxima semana, tal vez, así que…

—¡Señor Wozniak, permiso! —Giovanni alzó la mano e interrumpió—. Por favor, ¿me permite intentar realizar un Acto de la Magick?

—Esteeemmm… Bueno, sí, ¿por qué no? Pero intenta algo sencillo primero, ¿está bien?

—¡Sí, señor! —Giovanni se puso de pie de un brinco y fue hacia la cubeta metálica llena de bengalas. Estuvo parado allí por unos segundos, frunciendo el ceño por la concentración, y luego masculló entre dientes—: ¡Sale y vale, a ver qué pasa!

Giovanni tomó una bengala de la cubeta y la encendió.

Los otros niños soltaron la carcajada. De hecho, Garret se agarró los tobillos y rodó en el suelo, de tanta risa que tenía.

—¡Bueno, bueno, guarden silencio, niños! —Wozniak hacía lo posible por contener la risa—. ¡Giovanni, empezaste por el final! Mira, primero tienes que…

Pero Giovanni todavía fruncía el ceño por la concentración, con los tendones de su muñeca visibles por el esfuerzo. De repente, después de un parpadeo azul entre sus dedos, abrió la mano y al mismo tiempo la bengala se extinguió, con apariencia de nunca haber sido encendida.

—¡¡Caramba!! —Circe se puso de pie y se acercó, con el resto de los niños atrás de ella, todos llenos de "oooh" y "aaaah", y todos preguntando: «¡oye! ¿pero cómo hiciste eso?». Hasta Garret estaba impresionado.

Pero el Sr. Wozniak tenía entrecerrados los ojos, y preguntó con una voz peligrosa:

—¿Quién te enseñó cómo hacer esto? ¡Dímelo!

—¡Sereno, moreno! Me lo inventé yo solo: eso del círculo, el triángulo y demás tonterías son nomás para que uno se emocione. Pero si te concentras lo suficiente, ¡puedes lograr todas esas cosas en tu mente!

—Primero, me vas a hablar con respeto, y… —Pero el Sr. Wozniak no tuvo tiempo de reprender a Giovanni, porque en ese preciso momento todas las bengalas hicieron ignición al mismo tiempo, deformando la cubeta por el calor e incendiando el banco y la pizarra—. ¡¡Chingue a su madre todo en la vida!! ¡Buenobuenobueno, niños, no griten, y párense allá, junto a la pared! ¡Yo me encargo de esto!

Wozniak sacó un colgante de debajo de su camisa y lo tomó entre sus manos en lo que balbuceaba sinsentidos. Después, extendió sus manos hacia las flamas. El incendio se apagó como si fuera bombilla eléctrica, pero todo quedó bastante chamuscado y el humo inundaba el salón.

—Bueno, pues, niños: salgan y me esperan afuera, para que puedan respirar aire fresco y dejen de toser y lloriquear… Wingrove, tú no vas a ningún lado: ven a ayudarme a abrir todas las ventanas. A ver, trae el ventilador que está en la esquina, para que hagamos brisa.

Una vez abiertas todas las ventanas y con el ventilador posicionado, Wozniak y Giovanni se reunieron con el resto del grupo.

—¡Muy bien, atención, niños! Al parecer, el señorito Wingrove se brincó algunas páginas de sus folletos, porque una de las primeras cosas que se aprenden es el Principio de Intercambio Equivalente, como enseña la Alquimia, ¿se acuerdan? —Todos asintieron con la cabeza. Giovanni pasó, de estar pálido por el susto, a sonrojarse. No sabía si se sentía avergonzado de causar otro accidente raro en su larga carrera de ser el causador de accidentes raros, o si sentía rabia porque lo regañaba el maestro—. Lo que el señorito Wingrove hizo mal fue que olvidó ofrecer un intercambio de energía para su Acto. ¿Cuánta energía se necesita para llevar a cabo la Magick? —preguntó al grupo en general.

—Un intercambio múltiplo de veinte —direjon a coro diez niños.

—Así es. Para eso tenemos tablas de equivalencias, para evitar lo sucedido. El señorito Wingrove logró producir una falla en la retroalimentación negativa: la Magick no tuvo de dónde obtener la energía necesaria, así que la tomó de lo que estuviera a la mano. Por fortuna nomás hubo este pequeño incendio, que el señorito Wingrove limpiará. Pero el rebote puede ser impredecible cuando no se observan las reglas, y la Magick podría haberse aferrado de la fuerza vital de alguna persona. No hubiera matado a nadie por algo tan simple como este truco de bengalas de Wingrove, pero al que le hubiera tocado la mala suerte hubiera terminado con una jaqueca perra. Así que recuerden lo que vieron aquí, y siempre usen los fundamentos. Ahora, señor Wingrove, en el siguiente pasillo, doble a la izquierda y la primera puerta debería ser un closet. Allí encontrará lo necesario para limpiar mi salón de clases. Regreso por usted dentro de una hora. Vamos, niños, terminemos la clase afuera. Me choca el aroma de cojines chamuscados… Todos los años alguien los incendia… —Mientras pastoreaba a los niños por los pasillos, las voces se desvanecían como el humo dentro del salón.

Giovanni titubeó por un momento, y luego se fue a buscar una escoba.


***


Una hora después, la mayor parte de los escombros estaban en bolsas desechables acomodadas contra la pared, y Giovanni había barrido lo mejor que pudo, lo cual apenas si hizo una diferencia.

—¡Ay de ti, chico! ¡La Sra. Staab de plano te va a adorar por obligarla a limpiar este mugrero! —El Sr. Wozniak parecía estar de buen humor de nuevo—. Mira, Giovanni, lo que hacemos en La Escuela es enseñarle a los que tienen la Magick que siempre deben ser responsables al usarla. Conseguí que pases el resto de la tarde con la doctora Doe, para que adquieras una mejor perspectiva sobre lo que significa vivir como parte de la sociedad normal, a pesar de tener la Magick en tu interior. Vamos, deja allí la escoba y sígueme a su salón de clases.

—¿Estaba usted enojado porque hice trampa y me brinqué varias lecciones?

—¡No, no, en realidad no! Pero estaba molesto porque, por lo general, la magia negra se vale de muchos atajos. Pensé que empezabas a irte por la senda incorrecta, y quería averiguar si algún estudiante te había incitado a hacerlo de esa manera para meterte en problemas… —Wozniak no los nombró, pero le pareció a Giovanni que los Thompson tal vez conocieran varios de esos atajos—. Dime: ¿es cierto que inventaste por ti mismo eso de que no es necesario el círculo y el triángulo?

—Ajá. Bueno, en realidad, la idea se me vino a la cabeza cuando el tipo Benoni nos estaba diciendo de cosas hace rato.

—Te refieres al profesor Benoni. —Wozniak de nuevo tenía aspecto amenazante—. ¿De qué platicaban?

—Bueno, pues se supone que debe ser un secreto, ¡así que más vale que le cuente todo! Nos dijo que los humanos no actúan basados en razonamiento, sino que sus cuerpos controlan lo que la razón los obliga a realizar. Entonces, toda esta fantochada de dibujar garabatos no era para tener la idea correcta en la cabeza, sino para obligar al cuerpo a comportarse de una manera particular. Y entonces el cuerpo le permitiría a la mente hacer lo que se le diera la gana… O algo así por el estilo. No sé, pero cuando trato de ponerlo en blanco y negro, como que ni siquiera tiene sentido. Pero si dejo que mi cuerpo lo haga él solo es bastante simple en realidad… ¿Qué? ¿Qué hice ahora? —Giovanni se alarmó de ver al señor Wozniak entrecerrando los ojos de nuevo.

—No hiciste nada malo, pero, escucha: no le enseñamos ese tipo de cosas a nuestros niños, ¿entiendes? No hay ningún programa de estudio en toda La Escuela donde se enseñe esto. Por eso necesito que me prometas que no vas a intentar tomar atajos de nuevo con tu Magick, ¿bien? Necesito que me prometas de la manera más solemne que tampoco vas a mencionar estas cosas al resto de los niños. Vamos a permitirles que se imaginen que todo esto fue un accidente desafortunado. ¿Me lo prometes?

—'Tá bueno… —Giovanni aún le chocaba andar de secretitos, y ahora parecía que iba a tener que guardar secretos sobre el mismo tema, pero por dos motivos distintos. Por lo tanto, nunca dijo las palabras "lo prometo".

Llegaron a ese pasillo sin puertas, y ahora Wozniak oprimió un tablón distinto. La misma puerta oculta se abrió, pero ahora las escaleras iban hacia arriba. Giovanni estaba ensimismado en sus pensamientos, así que ni siquiera comentó el suceso. O, quizá, por fin estaba encontrando la manera de aceptar la Magick. Como sea, subió las escaleras todavía perdido en sus pensamientos. Llegaron hasta arriba, y Wozniak estaba a punto de llamar a la puerta cuando el profesor Benoni la abrió de repente, lo que provocó a Wozniak a decir palabrotas de nuevo.

—¡Perdón, profesor! Pero anticipaba que la doctora Doe abriría la puerta y me sobresalté un poco, es todo.

—¡Ah, sí! La buena doctora salió por un momento, pero regresa enseguida. Permítame recibir al joven Wingrove, y permaneceremos aquí hasta el retorno de la maravillosa Jane, ¿de acuerdo?

—Esteeee… Bueno, digo, después de lo que pasó hace un par de horas, no sé si Ágatha estaría de acuerdo que le deje al chico aquí y…

—¡Sí, claro, todo está bien, seguro que sí! —Durante este intercambio, el profesor había logrado jalar a Giovanni del brazo hacia adentro de la habitación, y poco a poco pero decididamente le cerraba la puerta a Wozniak—. No hay de qué preocuparse, la doctora hará su aparición en pocos momentos. No, buen hombre, no se aflija. ¡Gracias! Nos veremos durante la cena.

Con la puerta cerrada, Giovanni por fin notó que estaba solo con Benoni, y una vez más la iluminación de la habitación no concordaba con la hora del día. Parecía ser exactamente igual al salón de Teoría. Benoni se acercó un paso hacia Giovanni y comenzó a hablar.

—En lo que esperamos, permite que pregunte lo siguiente: ¿Qué tal si los humanos evolucionaron la capacidad de la Magick como último recurso en contra de un mundo cruel? ¿Qué tal si los cerebros primitivos de los protohumanos no podían lidiar con la realidad tal como es, y desarrollaron la Magick para evitar verse cara a cara con el Universo? ¿Qué tal si la Magick se esfuma? ¿Qué veríamos alrededor? ¿Qué aspecto crees que el mundo tiene en realidad? Bueno, nos vemos la próxima semana. Adiós, por el momento.

Los ojos de Giovanni se pusieron llorosos de repente, y tuvo que parpadear varias veces. Cuando pudo ver claramente, se encontró de pie en una habitación completamente distinta, que parecía un ático cómodo y acogedor. Había allí una señora de muy corta estatura, de quizá unos treinta y tantos años de edad, con cabellera corta y lisa y una cara de facciones delicadas, de pie en el extremo opuesto del ático, frente a la única ventana.

—Gracias por venir. Soy la doctora Jane Doe, tu maestra de Integración Social. ¿Viniste solo? Bueno, la próxima vez por favor llama a la puerta en lugar de entrar sin permiso, como en este momento. Por favor toma asiento; hay mucho de qué platicar.

Giovanni nunca había sentido tanto temor en su vida: ¿Se habría vuelto loco y todo esto sucedía solo en su mente? A lo mejor el sargento instructor Doakes —de la academia militar más reciente— al fin se había hartado con la actitud de Giovanni y había cumplido lo que había amenazado todo el mes pasado, que iba a pegarle un tiro en la cabeza, y entonces todo lo sucedido había sido una alucinación en lo que a su cerebro se le acababa el oxígeno y esperaba morir. O quizá…

Giovanni tal vez estaba espantado porque todo esto era verdadero, y estaba sucediendo en realidad.





Continuará…

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