Monday, March 30, 2009

Finitum 17 (ES)

17. Demasiado colmilludo

—Esteeemmm… ¿Hola?

El Sr. Wozniak había traído a Giovanni a una habitación vacía, y le había dicho que esperara a que vinieran las Furias. Había estado sentado, sobándose los nudillos magullados y sudando la gota gorda, deseando que no lo fueran a expulsar. Bueno, claro que lo iban a castigar, pero tenía la esperanza que le permitirían permanecer en la Escuela. No le importaba qué tipo de castigo le impusieran. En mayor parte, esto era porque le rostro de Circe seguía apareciendo en sus pensamientos… Apenas unos segundos antes escuchó que alguien gritó: «¡¡Vamos a decirle a las Furias!!», y escuchó portazos y pisotadas retumbando a lo lejos. Por eso se asomó a ver qué sucedía afuera.

—¿Señor Wozniak?

Dando la vuelta a la esquina, Benoni venía caminando hacia Giovanni.

—¡Aquí te encuentras! Ven conmigo, vamos…

Sin conversar, se encaminaron hacia la oficina de las Furias.

***

—Parece mentira que semejante monstruo tuviera una… pues una apariencia tan sencilla. Uno se imaginaría a un ser horrible a simple vista, pero este… hombre… es una persona con aspecto normal, ¡válgame!

Mientras meneaba la cabeza despacio por la incredulidad, Potter le regresaba la foto a McGonogall. Ella la tomó para guardarla de nuevo en el pequeño cubículo oculto tras el retrato de Dumbledore.

—Muy bien, pues entonces ya estás enterado. Por favor guarda el secreto a toda costa. Y si el Vampiro viniera, por favor acude a mi lado para ofrecerle resistencia. He instruído al resto del personal a que huyan con todos los estudiantes.

—Por supuesto que acudiremos a su lado.

McGonogall y Potter se miraban, parados a cada extremo del antiguo escritorio, plenamente concientes que quizá en ese momento habían aceptado un pacto suicida.

***

En una vieja cabaña rentada, del lado turístico de la montaña, en Ketchum, el Mañoso abrió los ojos y se incorporó, después de haber estado tendido inmóvil en el suelo el fin de semana completo, esperando a ser necesitado. Ladeó la cabeza, como escuchando al silencio, y farfulló: «Sí, Amo…»

Se sentía aliviado. No había anticipado tanta generosidad.

Durante los últiimos cincuenta años había actuado a nombre de su Amo, cumpliendo encargos y entregando mensajes. El Vampiro Benjamín lo había transformado personalmente, y le había otorgado ese obsequio obscuro de vida interminable con el único propósito de que fuera su heraldo. Le había entregado riquezas y fortaleza, sin dotarlo de ninguno de los poderes especiales del espíritu. Lo transformó con una apariencia bastante humana, para que pudiera llevar de mejor manera cualquier mensaje que fuera necesario. Y, a través de la sangre, lo había instruído en cómo evitar a otros vampiros y permanecer oculto. Pero nunca tuvo permitido pasar a la presencia de su Amo. Todo el tiempo recibió los comandos de su Amo a través de sus pensamientos. Y siempre le había ordenado observar y vigilar a ciertas familias e individuos especiales, cada uno de ellos superdotados en la Magick.

No conocía a ciencia cierta los planes de su Amo con estas personas, pero no le importaban: el Mañoso solo existía para obedecer. A través de la sangre había aprendido sobre los horribles poderes que Benjamín ostentaba, y el Mañoso vivía en un temor constante de causarle el más mínimo desagrado. La única vez que le falló a su Amo, el castigo fue terriblemente cruel. No se había percatado de que Margaux Wingrove había desobedecido las órdenes expresas de las Furias y se había ido a Inglaterra a ofrecerle su ayuda al Ministro de Magia Scrimgeour. Falló su cometido de mantenerla a salvo, y ella fue asesinada. Y era una persona muy importante para los planes de su Amo. Por fortuna su Amo había estado "dormido bajo la locura" y no pudo presentarse a destruirlo. Pero Benjamín inundó su mente con visiones de dolor y sufrimiento, y los pensamientos del Mañoso se pasaron a la deriva, de día y de noche, por toda una década, en desolación total.

Pero en esta ocasión el Mañoso había hecho muy buen trabajo en colocar en su debido lugar a todas las piezas del tablero de ajedrez de su Amo, y Benjamín se había mostrado magnánimo en extremo: lo había liberado para que se fuera por el mundo e hiciera lo que le placiera. Excepto que tenía prohibió cuzar de nuevo su senda con la de Benjamín.

El Mañoso, quien no tenía identidad alguna, no se llevó nada consigo, y se encaminó hacia la noche.

***

—Entonces…, ¿qué piensa usted, Adelaide?

Las Furias y Wozniak estaban apretujados alrededor de Johannsen y su mini-computadora, parados en el pasillo afuera de la oficina. Lucían ahora el mismo rostro pálido y lleno de preocupación.

—No cabe duda alguna: es Benoni… Ese truco de Desaparición de los británicos es juego de niños comparado a esto… Nunca había visto cosa semejante: ¡¡continúa en pleno control de sus movimientos aún a esa velocidad…!! Bueno, bueno, podemos admirar su pericia luego. Ágatha, llévate contigo a estos cinco chicos que están adentro. Tábitha, alerta al resto del personal: vamos a evacuar. Esta es Magick obscura, y peligrosísima además, sobre todo porque los monitores fallaron en detectarla. Entonces ya conocen el proceso. Johannsen, busca a Loeb para que te ayude a activar todos los sistemas automáticos de supresión de intrusos. Wozniak, asegúrese de dejar bien cerrada la cabaña. Usted sabe mejor que nadie los hechizos correctos. Yo voy por el cardumen Cian para evacuarlos, en vista de que Benoni era quien estaba a cargo de ellos. El punto de reunión será el sitio alterno B. Cerciórense de que todos estén enterados. Una vez que dejemos bien asegurados a los niños y al edificio, regresaremos para confrontar a esta… persona… esta cosa… lo que sea, y tratar de averiguar qué quiere. Y… Wozniak… Este, ¿dónde está Giovanni?

—Ya voy por él, lo dejé allá, en una habitación vacía, perdón… —confesó Wozniak, avergonzado.

—¡Pero aquí están todos! —interrumpió una voz. Pegaron un brinco al oirlo, y se pusieron más pálidos aún—. ¡Qué conveniente! ¿Por qué no pasamos a la oficina?

Benoni acababa de doblar la esquina, con Giovanni, y los saludaba con alegría. Su sonrisa de tiburón era más evidente que nunca.





Continuará…

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