Monday, March 30, 2009

Finitum 7 (ES)

7. Extrañas clases

Después de la hora de la comida Circe le mostró a Giovanni que, para poder regresar al Cardumen Cerúleo, uno tan solo necesitaba dar dos vueltas a la izquierda en pasillos contiguos, y luego una vuelta a la derecha en el siguiente. Dicha acción los depositaba en el largo pasillo con una sola puerta. Como Giovanni empezaba a ubicarse, por fin notó que hasta el umbral de la puerta estaba pintado color azul cerúleo. Después de comer, Circe le había estado explicando la única manera segura de navegar el interior de la cabaña.

—Mira, todos vamos a la biblioteca para comenzar las clases cada día, y allí vienen los maestros por nosotros… De otra manera nos perderíamos vagando por los pasillos. ¿Sabes?, este edificio se llama "La cabaña de los mil corredores". ¡Uuuuy! ¡Qué miedo extraviarse aquí! Cuentan que ha habido niños que se pierden por vagar los pasillos, así que limítate a lo que ya sabemos, ¿eh? Dos vueltas a la izquierda y una a la derecha: el Cardumen Cerúleo. Línea recta: la cocina. Dos vueltas a la izquierda: la sala de estar. Dos vueltas a la derecha: la biblioteca. ¡No te vayas a vagar! ¿Eh? ¿Eh?

—¡'Tá bueeeeeno! —Giovanni torció los ojos. ¡Qué ridiculez! ¿Cómo va a ser posible que alguien se pierda adentro de una casa? Sin importar qué apariencia tan tonta tuviera, era una simple casa, ¿no?

Pero, por si las dudas, siguió a Circe de camino a la biblioteca, sumiso, dando las vueltas indicadas sin protestar. Sin embargo, se imaginaba que sería muy interesante agarrar a los gemelos Thompson y a Garret Feldman, ponerles una venda en los ojos, hacerlos girar una docena de veces y dejar que deambularan por toda la cabaña.


***


Durante el tiempo que estuvo en la biblioteca Giovanni se entretuvo en encontrar la misma expresión en el rostro de todos: pura desesperación. Era muy extraño ver a niños de once hasta diecisiete años de edad compartiendo escritorios y sillones, y todos rascándose la cabeza y haciendo sus deberes con caras adustas, sobre todo porque podía imaginarse que cada uno de ellos tenía deberes distintos. Parecía que de ahora en adelante no habría posibilidad de aburrirse en clase, porque ya no tendría que estar esperando a los más tontos a que entendieran al maestro.

Al principio, al llegar a la biblioteca, Ágatha lo recibió con una sonrisa y le pidió que tomara asiento. Mientras que Adelaide y Tábitha repartían todos los deberes de ese día y contestaban algunas preguntas del resto de los estudiantes, Ágatha puso a Giovanni a resolver una prueba tras otra, demandando que terminara cada prueba en un período ridículo. Por ejemplo, había una prueba de cinco páginas impresas por los dos lados, tapizada con ecuaciones cuadráticas, y con espacio en blanco solo para las respuestas pero no para trabajar el problema. Ágatha le dio diez minutos para solucionarla. Apenas había terminado los primeros cinco problemas cuando Ágatha le arrebató la prueba y le dio una de lectura y redacción. Luego le dio pruebas de Química, Biología, Historia local y mundial y Civismo, de igual manera demandando que las completara en tiempo récord.

Un poco después de dos horas las pruebas por fin terminaron, y Giovanni se sentía como si le hubieran puesto el cerebro en una rostizadora para pollos. Se masajeó las sienes. Luego, cuando notó que ya casi todos se habían ido, de inmediato se sintió deprimido. A lo mejor todos en esta escuela eran más listos que él. Quizá en serio que eran "superdotados", y habían cometido un error al seleccionarlo para La Escuela. Bueno, claro que él se creía mucho más listo que la mayoría de los otros estudiantes de las academias militares a las que había asistido. Y estaba completamente seguro de ser más listo que los maestros de las escuelas públicas. Total, que esto era como se sentía ser más lerdo que los demás. Carajo…

Pero también notó que Garret Feldman parecía estar sudando la gota gorda, agazapado sobre un montón de papeles, mordiendo el borrador de su lápiz y con Adelaide vigilándolo severamente. Se empezó a sentir un poco mejor. Al menos no tenía a ninguna de las Furias echándole miradas de buitre por las respuestas que puso en las pruebas. Con tal de que le fuera mejor que al mocoso Garret, se sentiría satisfecho consigo mismo, pensó con una sonrisita.

Deshinchándole la fantasía, Ágatha y Tábitha se sentaron frente a él, las dos muy serias. Se miraron por un momento, y luego lo miraron a él con detenimiento. Giovanni se pudo dar cuenta muy bien por qué les decían "Las Furias": ahora que no sonreían, se veían de plano severas y amenazadoras.

—Mira, Giovanni, no hay manera de decirlo amablemente: te va a ir de la patada. Te falta mucho para ponerte al corriente. Así que tenemos que superar todas estas chiquilladas primero. Cada día de clase te vas a pasar las primeras tres horas con nosotras para encargarnos de las clases normales. El tiempo que te sobre lo usarás de manera ferviente para aprender todo lo que puedas del Sr. Wozniak, de la Dra. Doe y del profesor Benoni. ¿Comprendes?

Cinco academias militares lo habían preparado muy bien para responder apropiadamente:

—¡Sí, señor! ¡A la orden! Este… es decir, señora.

—Bueeeeno… Bien, mira: si te aplicas en serio, yo opino que podemos completar tu currículo del undécimo grado para fines de noviembre, y todos los cursos de último grado para abril. Pero estamos hablando del mejor de los casos, ¿está bien?

—¿¿Bromea??

—¡Jovencito! ¿Te parece que bromeamos? —Giovanni se confesó a sí mismo que semejantes caras ancianas parecían jamás bromear. Pero simplemente no podía creer que iban a resumir dos años completos de clases regulares en menos de dos semestres.

—Bueno, simplemente no lo puedo creer…

—Te entiendo, pero todas estas pruebas que te hicimos eran para evaluar, aparte de cuánto sabes, tu capacidad de adaptarte a la presión y a la variedad de temas. Vamos a diseñar un plan de estudios con tus fortalezas y debilidades particulares en mente, y conseguirás tu diploma de bachillerato para el próximo verano. Pero no creas que va a ser nada fácil: vas a tener que esforzarte más que nunca. ¡No aceptamos excusas! ¡No tienes permitido fallar! ¡Cueste lo que te cueste, jovencito!

Por un momento las dos viejitas tenían una mirada tan desalmada, que Giovanni no dudó ni por un segundo que recurrirían hasta a la tortura si fuera necesario para lograr que se desempeñara como lo anticipaban.

—No hacemos esto para que te la pases suave; al contrario, vas a tener que aplicarte como nunca, pero de cualquier otra manera no podrás dedicarte al verdadero propósito del aprendizaje: el desarrollo de tu Magick.

—Esteee…, sí, sobre eso: tengo dudas graves sobre mi magia, o lo que sea que le llamen…

—Sí, ya sabemos, pero para eso tienes las otras clases. Mira, entendemos que se te va a dificultar bastante al principio aceptar todas las cosas que irás aprendiendo con tus otros maestros. Lo único que te pedimos es que mantengas abierta tu mente, sin prejuicios, es todo.

Y entonces las dos sonrieron.

Giovanni hasta se sintió aliviado de ver esas sonrisas. No lo había notado, pero de alguna manera estaba completamente intimidado por las dos viejitas. Obvio que no eran las abuelitas querendonas que se imaginó al principio.

—¡Vamos, pues! Dejemos que el Sr. Wozniak sea quien comience tu educación real.

Adelaide, después de haber llevado a Garret a su siguiente clase, estaba de regreso. Se acercó a la mesa, le dio unas palmaditas en el hombro a Giovanni, y todos salieron de la biblioteca juntos.





Continuará…

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