Monday, March 30, 2009

Finitum 14 (ES)

14. Segundo interludio: Mil novecientos noventa y siete

Cuando Margarita y Sara Ruiz tenían uno y cinco años de edad, respectivamente, su mundo quedó destruido en la esquina del Eje 4 Sur y la Calzada de Tlálpan, en la Ciudad de México. En un vulgar accidente automovilístico, ambos padres murieron cuando su minúsculo y anticuado Renault 5 fue arrollado por un camión cementero e insertado bajo un autobús de pasajeros de la Ruta 100. Los bomberos que extrajeron a las pequeñas de entre el metal retorcido quedaron asombrados de que ambas niñas estuvieran completamente ilesas. Fue como si hubieran estado bajo un escudo; fue un verdadero milagro.

Un hombre delgado, moreno y de estatura mediana —apariencia normal en ese país— miraba la escena desde la acera, sin expresión en el rostro, pero de cualquier manera parecía divertido. Nadie notó cuando desapareció en el aire.

Las niñas tuvieron que ser llevadas al orfanato, puesto que no se les conocía ningún pariente. Eran muy pequeñas como para entender o asimilar lo que les había sucedido, y nadie se había tomado la molestia de explicarles —o aunque fuera a Sara— que nunca verían a sus padres de nuevo. Entonces, cuando Sara lloraba preguntando por mamá y papá, le decían que se habían ido de viaje y le daban una paleta.

Antes de que ese truco de los dulces perdiera su efectividad, pocos días después, un negociante llegó de los Estados Unidos, acompañado por varios abogados, y procedió a sobornar a quien fuera necesario para adoptar a las niñas de inmediato. Entonces, otros tantos días más tarde y con todos los documentos legales que incluían hasta nombres nuevos, Shari y Margaux fueron entregadas en el hogar de una pareja cariñosa, tierna y sincera, quienes desde ese momento criaron a las niñas para que fueran leales y entusiastas estadounidenses. Las niñas eran tan espontáneas y alegres y lindas, que los Wingrove nunca resintieron que el Patriarca los hubiera obligado a adoptar a las niñas. Sin importar las motivaciones del Patriarca Feldman, ellos se sentían bienaventurados de haber recibido a esas niñas como hijas. Sin embargo, se puede suponer que quizá también se hubieran sentido intranquilos de haber averiguado que el Patriarca Feldman había actuado bajo órdenes precisas…

Pero las niñas llenaron la casa de los Wingrove con canto y piruetas y muchos conejos y peces dorados. A nadie le importaban cosas misteriosas, de cualquier manera.

Aunque Margaux, "Marge", era pizpireta, enérgica y bulliciosa, y por lo general se consideraba la más apta para las travesuras locas, fue la tranquila Shari quien resultó embarazada a los diecisiete. Lo que sea que la haya orillado a tomar esas decisiones, ni ella lo sabía con certeza. Tal vez fuera algún tipo de reacción a que le hubieran arrebatado a su hermanita y se la hubieran mandado a un internado, y sentirse abandonada, solitaria. Tal vez fue algún tipo de protesta por atención, ya que Marge se tornó en celebridad de la noche a la mañana al llegar a la escuela, y todos los tíos y tías no dejaban de mencionar lo orgullosos que se sentían que Marge fuera tan superdotada, «¿lo puedes creer?». Caramba, hasta el Patriarca Feldman se refería a Marge con orgullo durante las reuniones familiares. «¡La mejor Superdotada en todo un siglo!», decían sin tregua alguna, vez tras vez. ¿Quién sabe? Pero un día Shari sentó a sus padres adoptivos y les dio la noticia, probablemente anticipando que la corrieran de la casa de inmediato, su padre encolerizado y su madre llorando en una esquina, con una foto en las manos de cuando Shari era bebé…

Pero los Wingrove eran compasivos, y si se sintieron decepcionados por la elección de Shari, nunca lo mencionaron. La primera reacción de su padre fue darle un abrazo triturador y susurrar: «¡Un bebé siempre es una bendición!». Su mamá sí lloró, pero estaba contenta y emocionada, y de inmediato hizo planes para transformar la habitación de Shari en un cunero. Por supuesto, su padre tomó un momento para mirarla a los ojos fijamente y preguntarle si el padre del bebé estaba enterado, si Shari planeaba informarlo, si Shari quería casarse con él… «¡Ni loca!», fue todo lo que pudo decir antes de rendirse a las lágrimas de gratitud y remordimiento. Todo estuvo bien, y en corto tiempo Giovanni había nacido.

Cuando Giovanni era un bebé de dos años de edad, sus abuelos murieron en un avionetazo durante sus primeras vacaciones en el extranjero. Los Wingrove no eran ricos en lo absoluto, y todo el dinero de seguros de vida apenas si fue suficiente para cubrir el costoso asunto de morir en tierras lejanas. Y aunque los tíos y tías ayudaron con lo que pudieron, tampoco eran ricos. Así que Shari y Marge pudieron retener la casa de sus padres, pero quedaron con muy poco dinero a su nombre. Marge solicitó becas en La Escuela, y pudo continuar sus estudios allí, y Shari obtuvo su primer trabajo de medio tiempo, aparte de su trabajo de cajera en el banco.

Cuando Shari tenía veintiún años de edad, Giovanni cuatro y Marge diecisiete, esta última se graduó de La Escuela. Y entonces hizo algo que nadie había hecho jamás: demandó una audiencia con el Concilio de las Madres.

Para las personas con la Magick, residentes de los EE.UU., el Concilio de las Madres era la autoridad máxima. Por supuesto, cuando se trataba de la Ley, toda la gente de la Magick obedecían las leyes del país, del gobierno. Pagaban sus impuestos; tenían licencias de conducir. Pero cuando había problemas a raíz del uso impropio de la Magick las familias deberían encargarse ellas mismas de disciplinar a quien hubiera causado el problema. De no poder resolver el asunto, le pedían al Patriarca que arbitrara la solución. El Patriarca era por lo general el miembro de más edad en un grupo de familias que a menudo estaban emparentadas, pero no siempre. Si el Patriarca no pudiera —o no quisiera— encargarse del problema, entonces se remitía al Círculo de Hermanas, que era una reunión de todas las mujeres adultas en cada región del país. Y para esos problemas que no hallaban soluciones a nivel local, se convenía un Concilio de las Madres. Todas las madres en el país se reunían en algún centro de convenciones u hotel, y proponían la solución, que era final e irrevocable. Las Tres Furias encabezaban al Concilio de las Madres, y ellas también estaban a cargo de imponer los castigos. Y de haber castigos, por lo general eran muy severos, casi incapacitantes, y completamente inolvidables.

Por motivo de su fama y de su prestigio en el mundo de la Magick, a Margaux Wingrove se le otorgó una audiencia, y el Primer Concilio Extraordinario de las Madres se convocó. En él, Marge expuso su punto de vista: la gente de la Magick estadounidense debería involucrarse en la Segunda Guerra, en el Reino Unido, que cada día aumentaba en gravedad. Aunque históricamente los estadounidenses y los británicos se mantenían al margen de los problemas de cada uno, Marge estaba convencida de que era la obligación y el deber de los estadounidenses ayudar a todas las víctimas inocentes que sufrían por esta guerra de hechiceros. Marge estaba convencida de que los estadounidences contaban con los recursos para "contrarrestar y neutralizar" el ascenso del Señor Oscuro sobre la gente de Europa.

Las Furias no permitieron siquiera que hubiera debate.

No. La respuesta era no. Los británicos habían propiciado esto al despilfarrar su Magick en usos banales, y al fracasar en establecer un equilibrio con el mundo. Cada día arrebataban más y más fuerza vital del mundo real para apuntalar su mundo de fantasías, y toda la energía negativa se les estaba cobrando en la figura de Quien No Ha de Nombrarse. Se lo habían buscado; ahora tenían que pagar el precio de ello.

Marge estaba devastada. No podía creer que le hubieran dado una negación categórica cuando se trataba de ayudar a los primos británicos. Había creído que quizá no se comprometerían totalmente, pero, mínimo, mandarían algún tipo de ayuda. Mas, ¿nada en absoluto? Así que ella hizo lo que todos bien sabían que haría: se fue a Londres de todos modos.

¡A las Furias casi les da una apoplejía de la rabia! En cuanto Marge regresara a los Estados Unidos convocarían otro Concilio de las Madres especial y le propinarían su justo castigo.

Desafortunadamente, Marge se reunió en Londres con Rufus Scrimgeour, Ministro de Magia, el primero de agosto de 1997, el día que el Señor Oscuro apareció en persona para torturar, interrogar y asesinar al Ministro. Quizá Marge era la mejor Superdotada del siglo, pero ni ella ni el Ministro de Magia estaban al nivel de la cruda vileza de Voldemort.

Por supuesto que, cuando las Furias lo averiguaron, se sintieron muy arrepentidas y disgustadas. Todo el mundo de la Magick se sentía disgustado de ver asesinada a una persona tan talentosa, valiente y joven. Ya que Shari nunca había mostrado seña alguna de tener el Don, las Furias consideraron prudente y compasivo modificarle las memorias de los años que Marge asistió a La Escuela, y ordenaron que sus parientes no lo mencionaran jamás.

Y aún así, los estadounidenses se quedaron en su país, apartados de los problemas de todos los demás.


***


Mientras, en Londres, en una habitación subterránea a gran profundidad, y protegida por el Ministerio de Magia, entre sueños de lujuria y violencia, la parte del Vampiro Benjamin que siempre velaba y escuchaba los pensamientos del mundo rabiaba con frustración muda.

«¡Maldita sea! Pero quizás los nuevos bebés tengan el poder…». Antes de poder completar esa idea, otra ola de locura lo ahogó con sueño por once años más.





Continuará…

No comments: